Las curvas que le daban forma a su cuerpo exageradamente ondulado cada día eran más abiertas, cada día se notaban más.
La ropa que cubría sus curvas era elegante, correcta y discreta. A pesar de que lucía sus perfectas piernas a través de una medias tupidas, y que la minifalda no conseguía tapar lo que venía siendo lo más importante en un cuerpo.
No tenía unos grandes pechos, tampoco hacían falta, pero estimulaba un grande peligro al caminar tan madura.