Y todo eso es lo que estoy intentando guardar en mis lágrimas, que también se reservan para otra ocasión.
Odio tener la vida hecha, después de mucho tiempo, y que un simple cambio haga cambiar todo.
Y odio tener que volver a empezar algo que no me gusta.
Odio que me miren de arriba abajo a pesar de que yo les hable amablemente.
Odio decir lo más normal y que luego no me lo digan a mi.
Odio saber que dicen palabras poco agradables en mi espalda.
Odio tener que ser yo la que arregla las cosas, pero luego que se arreglen es algo bonito.
Odio que me fastidien "de broma" en público.
Odio sonrojarme cuando alguien con el/la que no hablo mucho me mira fijamente mientras me habla.
Odio que se porten mal conmigo y segundos después ya no.
Odio que me pregunten cosas que he dicho miles de veces.
Odio que hablen sin saber, echándole la culpa a cualquiera para descargar su rabia.
Sí, odiamos muchas cosas, pero yo no hago nada por cambiarlas.
No puedo caminar contra una pared, pero si puedo girar difícilmente.
Esas cosas, no tienen valor ni importancia.
Las que valen son las que amas y no las pierdes.
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