domingo, 13 de noviembre de 2011

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Vuelvo otra vez a estar aquí, conmigo. Y me canso pero es lo que tengo, es lo que hay. Este fin de semana ha sido el más largo de toda mi vida, empezando por el viernes, a esa hora en la que no hay nadie en casa y lo único que quieres es estar con él,aunque a pesar de todo siempre se iba pronto. Después sigues un sábado por la mañana con ganas de comerte el mundo de gritar y decir cuanto le quiero, pero no existe, es un sábado oscuro, con nubes negras que no te incitan a salir de casa, que te dan ganas de pudrirte y lo único que haces es pensar, pensar y pensar una y otra vez, qué hice mal. Ya es sábado por la tarde, no hay nadie disponible, todos tienen algo que hacer, todos están en su mundo, triste o feliz, nadie quiere compartir ese momento contigo, pero tú sí, quieres decirle a alguien que te pasa, pero nadie te escucha, te miran asienten y luego hablan de otra cosa, no hay más, es así la rutina. Quiero gritarle a alguien que sepa solucionar que no me diga palabras, que solucione, que me de un beso en vez de palabras, que me abrace en vez de discutir. Salí de casa, estaba todo realmente oscuro, pero me puse música, intenté concentrarme en mi, en como soy, en lo que tengo que hacer, y que, por mucho que piense sólo me sale su nombre. Y a medida que iba caminando sentía su mano apretando la mía, caminando, como siempre. Llego a casa, no hay nadie, es tarde, pero no hay nadie. Es domingo y sigo sola.

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