Pensé que lo entendía. Que podía discernirlo, pero no pude. Sólo su calidad emborronada de su olor a One Million y esos pantalones que me gustan tanto. No caí en la cuenta de que a veces era más que su todo. Que esa totalidad era tan sólo un detalle. Porque son las mitades las que te parten por la mitad. No lo sabía. No se acerca de los pedazos que quedan en medio. Los pedazos sangrientos de ti y los pedazos sangrientos de mi.
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