
La luz iluminaba la esquina, los pensamientos se alojaban sobre ella y no dejaban que nadie pudiese entenderlos. Las vacaciones estaban en su plenitud, pero nada podía hacer que se fuera escurriendo y quedandose en nada. Cuesta tanto llegar al verano y cuando estás en él no sabes que hacer. Me contó Rougen que aquel disco de los Rage Band que tanto sonaba cuando las motocicletas cansadas de tanto caminar llegaban a su explendor de brillo en lo más alto se caían como las hojas en otoño. Tanta moderación, ya era hora de soltarse. Mientras mi cabello ondeaba juguetando con el viento, la brisa calmó el mar que tanto golpeaba a las rocas. En aquel tiempo cuando todo retumbaba y el ansia quería apoderarse de mi llegó
un momento en el que todo el tiempo transcurrido pudo alimentar las huellas para que se borrasen y dejaran de hacer daño al que las recordarse. Por fin el reloj dejó de dar vueltas con normalidad, volvió aquello que yo sentía, y volvío todo aquello que quería sentir.
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