
A veces estás hundida, profundamente hundida. En lo más hondo. Después de estar durante más de un día ahí abajo piensas que bueno, no hay nada menos ¿no? Entonces te dedicas a ver todo desde abajo, lo ves mucho mejor, justo en ese momento te levantas, retomas todo lo que dejaste y comienzas a subir desde lo más hondo. Subes lo que bajaste. Y poco, muy poco a poco tu cara cambia dejando al descubierto un poco de felicidad.
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