sábado, 19 de octubre de 2013
Siracusa
Sentía como mis mejillas se iban quemando a través de ese sol tan caliente que a la vez creaba una brisa cálida haciendo bailar mi pelo. Abría los brazos completamente desnudos, los abría tanto que incluso llegue a tocar esos girasoles secos y trigo muy amarillo. Veía esas carreteras vacías en las que parecía que te llevaba a un camino sin fin. Pensaba en todo aquello que siempre había pensado, por un momento, por ese momento pensé que lo había olvidado todo, cuando de repente sentí algo de libertad. Cerraba los ojos y me inventaba mi propia banda sonora, a una película que no sé si acaba bien. Teniendo todo aquello metido en la cabeza me olvide de todo, del paraguas amarillo que estaba roto, de aquel día lluvioso y yo sin capucha, de un señor más o menso feliz saliendo de la panadería, fíjate que incluso me llegue a acordar de aquella vez que un señor me paro y me dijo:
-Eres tan risueña como mi nieta.
También recordé, que lo que más te gusta nunca lo vuelves a ver. Siempre he llegado a la conclusión de que ese camino nunca habría acabado si yo no me hubiera parado, me paré para saber si realmente hacía lo correcto, si realmente lo que quería era ser yo, volví a darle al pedal, ahí no paré, esto que os escribo lo tengo en mi mente aunque ahora casi lo tenga un poco borrado, intentaba buscar libertad y olvidar toda la presión y esas miles de vueltas que da el mundo, que después de varios años vuelves a encontrar a alguien conocido que apenas habías olvidado. "Me gustaría olvidarlo" dije mientras el cielo azul hacía brillar todo aquello que yo miraba. En ese momento llegó algo que todos queríamos y que llamamos verano.
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